Comentario: Rodolfo Arizaga

En la primera década de este siglo nacieron los compositores insertados en esta segunda parte del programa de hoy. Integran una generación que inicia su formación en épocas de la primera guerra mundial y lanza sus principales dardos durante la segunda. Es evidente que la aguda transformación que se opera en esa etapa histórica incide en el ánimo, el pensamiento y la obra de los creadores de ese momento. Fue un tránsito crucial en todo el mundo. El arte avizora horizontes invisibles al hombre común, intuye instancias insospechadas, vaticina – a veces sin saberlo - lo que se esconde al acecho en las tinieblas del futuro. Es por todo esto que entre ambas guerras mundiales afloran posiciones estéticas tan desencontradas como fuertes que contribuyen a la desorientación de los tímidos, la resignación de los temerosos y al vigor de los audaces. Aquí, y en todas partes, coexisten las tendencias más opuestas, las actitudes más contradictorias, todas igualmente válidas según el ángulo estético en que se las coloque. En la Argentina es una generación que asiste a la declinación del nacionalismo musical. No pocos compositores que la integran enmudecieron no bien el folklore perdió interés como fuente de inspiración temática; algunos se empeñaron en disfrazarlo con artificiosos recursos, en la esperanza de que su música siguiera “sonando” argentina. Otros, en cambio, adoptaron el sano, liso y sencillo camino de torturarse en la investigación de nuevas realidades, siempre atentos al desarrollo musical europeo. Con la extinción del localismo se fue la anécdota y en los más altos niveles del grupo generacional se incursionó incluso la abstracción: una actitud que ha había sido explorada por algunos compositores de la generación anterior.