Me inicié en la música con mi padre director de banda en el ejército, apartado y preso varios meses en 1930, en la cárcel de Las Heras, por oponerse a un “presidente con botas”. A los siete años formamos un dúo con mi hermano Sebastián –dos años mayor - interpretando folklore acompañándonos ambos en guitarras. Integrábamos un grupo musical de niños, organizado y dirigido por mis padres, “Niños de Buenos Aires” que realizaba audiciones semanales en radios, Stentor, Mitre, Belgrano, Cultura, las que recuerdo. Así comenzó mi interés por el canto.

Mi padre llegó a Dolores a dirigir la Escuela de Banda Municipal. Entonces integré modestas orquestas que amenizaban bailes populares, tango y jazz, con mi violín y trompeta, y con mi hermano en el piano mientras concurría al Colegio Nacional.  Y en Dolores conocí a Honorio Siccardi, vecino destacado del pueblo. Tomé algunas clases con él y toda mi vida he lamentado no haber sido discípulo del maestro por desconocimiento adolescente de la personalidad que se ofreció a enseñarme. Conservo manuscritos originales de obras corales cedidas en su momento por él. Llegué a estrenar alguna obra suya y rindo mi homenaje en la Antología interpretando su “Tríptico Floral”.


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