Helga Epstein me escuchó e inicié mis estudios de canto integrando el Coro del Collegium dirigido por Guillermo Graetzer. Por su intermedio gestioné la beca del DAAD Servicio Alemán de Intercambio Académico que obtuve y que fue renovada por 3 años. Tuve la misma sensación del paso de un pueblo a integrar Fray Mocho, al ingresar a la Escuela Superior de Música de Frankfurt. Nuevas exigencias en un ámbito de excelencia, con prestigiosos profesores herederos de Clara Wieck hasta Paul Hindemith, alumno y docente.

Sin exámenes, promoción por concepto, cada semestre nos enterábamos por información de los transparentes a qué clase debíamos concurrir. Rigor formal en la apertura de los cursos en la sala de actos. Disfruté todos los días desde las 9 de la mañana hasta bien entrada la tarde luego de un frugal almuerzo. Antes había pasado cuatro meses en dos cursos en el Goethe Institut de Arolsen, pequeña población que cobijaba a becarios de todas partes del mundo que debíamos perfeccionar el idioma alemán en agotadoras clases de lunes a viernes de mañana y de tarde y sábados de mañana, con exámenes semanales y finales.


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