En Dolores, Provincia de Buenos Aires, hice la escuela secundaria en su Colegio Nacional. Con un grupo de adolescentes habíamos formado una Asociación Cultural llamada Yerutí que en sus inicios fue peña folklórica. Allí surgió un grupo coral que dirigí.

Entre las actividades realizadas, presentamos el Teatro Escuela Fray Mocho, con gran repercusión. La presencia de ese grupo fue revelador. Jóvenes inquietos, decididos, dispuestos a la discusión, al intercambio de ideas, sacudió la modorra pueblerina. Previo al espectáculo en el escenario del salón del Club en donde se realizaba la función Oscar Ferrigno nos preguntó qué hacíamos. Y allí cantamos para Fray Mocho. Oscar al finalizar se acercó y me dijo: “vos te venís con nosotros a Buenos Aires”. Así ingresé a ese mítico Teatro. Con mis padres fallecidos prematuramente y mi entonces novia – Nilda Eyras – ya dispuesta a emigrar a la gran ciudad, no me costó mucho tomar la decisión. En un principio ayudé a cantar las canciones y en sus coros dramáticos. Reemplacé a José Antonio Gallo, a quien luego encontré en el Collegium Musicum de Buenos Aires, recordado maestro que dirigió el Collegium de los Jóvenes. Posteriormente en Fray Mocho también formé un grupo coral. Y cuando decidieron salir en gira por todo el país fui el representante que las organizó entre los años 1953 y 1958. Enorme experiencia que marcó mi vida en plena juventud. 18.000 Km. en 304 días de 1954, visitando 18 provincias en Argentina, 7 Regiones en Chile, 265 representaciones, 76 conferencias, y 40 exposiciones, en 78 localidades argentinas y 10 chilenas. Hasta 1958 los kilómetros recorridos por los elencos de Fray Mocho llegaron a 80.000.


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